En Salta capital existen 53 barrios populares, donde la emergencia habitacional es cotidiana y miles de personas viven sin las condiciones mínimas para desarrollar una vida digna.

Mientras la ciudad sigue creciendo y se proyecta la Salta del futuro, miles de familias sobreviven en un presente marcado por la precariedad. Casas que se inundan cuando llueve, pisos de tierra, conexiones eléctricas informales, falta de agua potable y barrios levantados sobre terrenos donde nunca debió vivir nadie forman parte de una realidad que, lejos de desaparecer, continúa expandiéndose.
El duro diagnóstico fue expuesto por Luciana Rossi, directora de Techo Salta, quien advirtió que el déficit habitacional en la provincia sigue siendo una de las deudas sociales más profundas.
Según explicó, en la capital existen 53 barrios populares, donde la emergencia habitacional es cotidiana y miles de personas viven sin las condiciones mínimas para desarrollar una vida digna.
«La vivienda no es solamente tener un techo», sostuvo Rossi, quien agregó que “una casa digna también implica acceso a agua, cloacas, electricidad segura, escuelas, centros de salud y la tranquilidad de saber que nadie puede desalojar a una familia de un día para otro”. En muchos barrios salteños, nada de eso está garantizado.
La situación se agrava en el sudeste de la ciudad y en los asentamientos ubicados sobre los cerros. Barrios como Floresta, San Javier, Las Lagunas y San Francisco Solano reflejan una problemática que lleva décadas sin resolverse.
Allí, cientos de familias construyeron sus viviendas sobre tierras fiscales, bajo líneas de alta tensión, cerca de basurales o en sectores inundables, simplemente porque no tenían otro lugar adónde ir.
«La problemática es multifactorial. Las familias se asentaron porque no tenían otra alternativa. Esos barrios crecieron hasta albergar más de mil familias, pero siguen fuera de la planificación urbana», explicó la directora de la organización.
Detrás de cada vivienda precaria hay historias atravesadas por la pobreza. Techos que no resisten una tormenta, paredes que apenas aíslan del frío y pisos de tierra que se transforman en barro cada vez que llueve forman parte de la rutina de miles de salteños.
«Hay personas que viven sobre un piso de tierra. Cuando llueve, el agua entra a las casas, se les moja la ropa, pierden sus pertenencias y tienen que caminar entre el barro para ir a trabajar», relató Rossi.
La referente consideró imprescindible una planificación urbana que frene el crecimiento desordenado de los asentamientos y ofrezca soluciones concretas para las familias que hoy ocupan terrenos inseguros.
En ese sentido, señaló que, aunque durante los últimos años existieron políticas de integración socio-urbana que permitieron algunos avances, la falta de continuidad y financiamiento dejó numerosos proyectos inconclusos.
Durante este año, la organización ya levantó nueve viviendas en Las Lagunas y prevé nuevas construcciones en San Javier y San Francisco Solano, además de proyectos de iluminación y acceso al agua. «Nuestro objetivo es simple: que nadie tenga que vivir sobre un piso de tierra», resumió.


