Caen fuerte las tasas de interés para empresas, pero se mantienen muy altas las de créditos personales

Los bancos tienen fondeo de sobra, pero se mantienen muy cautos por el pico de morosidad que se registró en la primera parte del año. Por ahora privilegian préstamos de corto plazo a compañías de primera línea o con avales firmes

La baja de la inflación y la mayor disponibilidad de liquidez de los bancos impactó favorablemente en las tasas que las entidades cobran para financiar a las empresas. En apenas dos meses, el descuento de cheques pasó de un promedio de 40% a 30% anual y en el caso de operaciones con compañías de primera línea se ubica incluso abajo del 27% anual.

Sin embargo, la realidad para el público es bien distinta. Debido al pico de morosidad de los últimos meses, las tasas nominales prácticamente no se ha movido. En el caso de las tarjetas de crédito, quienes quieran financiar al vencimiento deben pagar una tasa del 88%, casi tres veces la inflación anual (que está en el orden del 32%). Cuando se agregan impuestos y otros gastos administrativos esas tasas suben con comodidad arriba del 100 por ciento.

Algo parecido sucede con los préstamos personales, que tienen tasas del orden del 67% pero que también suben significativamente cuando se calculan todos los gastos. En este caso, el agravante es que se trata de líneas de un año como mínimo, lo que genera un estrés adicional para el tomador: mientras que la inflación se espera que baje al 24% en los próximos doce meses, el deudor queda “enganchado” con una tasa fija que no responde a esa disminución de la evolución inflacionaria.

Los principales ejecutivos de los bancos en la Argentina reconocen que las tasas para individuos siguen muy altas e incluso fue uno de los reclamos que realizó en público el ministro de Economía, Luis Caputo. Pero, por ahora, ninguno se animó a dar el primer paso.

Mantener muy alta las tasas de interés para prestar implica que en realidad se mantienen muy restrictivos y prefieren ir a lo seguro, aunque sea menos rentable: comprar bonos en pesos del Tesoro (por ejemplo Lecaps) o descontar cheques de empresas de primera línea aún cuando la tasa es prácticamente neutra o negativa en dólares.

Empezar a ver una baja de la morosidad será clave para que se note una disminución en la tasa de los préstamos a individuos. Por ahora, el camino va por otro lado: refinanciar las deudas impagas con mayores plazos y baja de tasas para los morosos para que puedan volver a pagar. Y crecer lentamente con la cartera de préstamos para comprobar que el mercado ya se encuentra más saneado.

La morosidad de préstamos a individuos superó el 11% en el sector bancario y en el caso de algunas fintech llegó al 25%, niveles que no se veían hace más de 20 años.

La baja de tasas puede sentirse de manera indirecta entre los individuos. Sucede que los comercios ahora tienen mayor flexibilidad para ofrecer cuotas sin interés, porque lentamente está bajando el costo financiero que deben asumir para trasladarle esa facilidad al público. “Si no ofrezco cuotas no vendo”, es una frase escuchada hace tiempo. En el caso de electrodomésticos o incluso indumentaria es la diferencia entre cerrar o no una venta.

Claramente los bancos no enfrentan problemas de fondeo, todo lo contrario. Por eso, la tasa de plazo fijo promedio ya se ubica por debajo del 20% anual, es decir son negativas en términos reales. Y la caída se profundizó en los últimos 60 días. Sin embargo, por ahora trasladan a cuentagotas ese menor costo de fondeo a las líneas de crédito.

El sistema financiero tiene además una gran liquidez en dólares. De los USD 40.000 millones de depósitos que hoy tienen los bancos solo prestaron USD 20.000 millones, la mayor parte en prefinanciación de exportaciones (corto plazo).

Existe, por lo tanto, un enorme volumen de dólares ociosos que no se prestan básicamente por falta de demanda, ya que los bancos solo pueden financiar en moneda dura a exportadores o a compañías que formen parte de la cadena de proveedores para la exportación, o sean que directa o indirectamente generen divisas.

Por las tasas de interés que pagan los bancos por tomar depósitos en moneda extranjera no pasa del 1% al 1,5% anual por plazos fijos a treinta días. “Hasta que no tengamos demanda robusta para prestar en dólares no tiene sentido que paguemos más”, aseguran los principales banqueros de Argentina.

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