Iruya se encuentra en la provincia de Salta, a casi 2800 metros de altura. El tramo final del camino de ripio tiene como premio una vista única: la icónica iglesia junto a las casas, y el imponente paisaje que las rodea. El lugar que fue catalogado como uno de los cincuenta más bellos en un ranking mundial.

Iruya, uno de los destinos más buscados por los turistas en la provincia de Salta
La palabra Iruya proviene del quechua y significa “abundante paja”, o “lugar de los pastos altos”, y es el nombre del pueblo salteño que fue elegido como uno de los 50 más lindos del mundo. La revista de prestigio internacional Condé Nast Traveler, especializada en turismo, lo incluyó en su ranking mundial y para quienes todavía no han ido de visita, representa una oportunidad de descubrir su belleza. Su ubicación sorprende, como si descendiera de los cielos en medio de los cerros, con dos ríos que enmarcan la zona habitada, y las casas y la icónica iglesia que parecen estar suspendidas en el aire.
El pueblo se encuentra a 315 kilómetros de la capital de Salta, a 2780 metros sobre el nivel del mar, rodeado por los ríos Colazulí y Milmahuasi. Tal como menciona la publicación internacional que lo destacó, la forma de acceder es a través de la provincia vecina de Jujuy, y aunque la opción más conocida es el servicio del micro urbano que realiza el recorrido, desde hace varios años los mismos lugareños ofrecen otras alternativas turísticas para disfrutar de una experiencia cercana a las comunidades que están de camino al destino.
La localidad jujeña más cercana es Humahuaca, a 73 kilómetros, y suele ser el punto más elegido para comenzar el trayecto, ya que es una de las paradas del colectivo que llega hasta Iruya. También está la posibilidad de subir en Purmamarca o en Tilcara.
Cuenta la versión más comentada por los lugareños que hacia 1670 un hombre de apellido Cruz que venía del monte de Astilleros fue a buscar madera, maíz y naranjas, y debajo de un hiro, la paja típica de la región, encontró la imagen de una virgen. “Sorprendido, la llevó a Pueblo Viejo y convocó a una reunión con los vecinos para contarles del descubrimiento, y esa noche la virgen desaparece y aparece de nuevo en Iruya, que todavía no tenía nombre; la volvió a llevar a su pueblo y otra vez pasó lo mismo; entonces la gente decidió construirle un altar en ese lugar, y confeccionaron primero una gruta y después una iglesia porque interpretan que quería quedarse y que se arme un pueblo alrededor”, relata el herrero.
Así surgieron las primeras viviendas en la zona, y desde ese entonces en adelante la religión, la espiritualidad y la fe forman parte de la identidad cultural. El piso original del templo era de adobe, pero en la primera mitad del siglo XX se reemplazó por la superficie actual, y se hizo el nuevo techo de zinc. El resto de los elementos se conserva, y sigue siendo uno de los puntos donde muchos vendedores salen a ofrecer sus productos, se trasladan por las callecitas angostas al mismo tiempo que otros caminan con carga en la espalda, buscando los ingredientes para cocinar la mañana siguiente. Algunos de los platos típicos son la tortilla de quinoa, churrascos de llama, estofado del cabrito, estofado de cordero, dulce de cayote, queso de cabra, y miel de caña, además de la gran variedad de papas andinas.


