¡Por una moneda!

Nos, decimos, con el corazón conmovido, que transitamos con profunda tristeza esta vía dolorosa en que aquellos que debieron ser consejo y consuelo, nos han propuesto cediendo a las tentaciones de la usura y la lujuria del poder, y han terminado llevando al rebaño al extravío, a la secesión entre hermanos cuando no a la abdicación a la Fe.

Por Ernesto Bisceglia

Mario Cargnello

Ciertamente que la comunidad creyente de Salta vive horas infaustas, ya agobiados por la miserable condición política de sus dirigentes, viene ahora a sumar más peso la comprobación de que a los pastores del solideo les importaría más llenar la bolsa que liberar almas de los grilletes del pecado.

Ellos, los mitrados, han abierto una herida en la comunidad que sólo el desplazamiento de los mismos de sus Sillas episcopales podrá traer alguna resignación y cercanía a estas comunidades transidas y desconsoladas en espíritu por la codicia y concupiscente apetencia que el tintineo de las monedas ha despertado en el alma de estos pastores.

El alma se arrucha, se encoge y cimbra, compartiendo el dolor del Santo Padre, Francisco, por  la supuesta felonía que habría cometido su hermano menor, Mario Antonio Cargnello, quien por obra de vaya a saber qué espíritu –no el Santo, obviamente- funge todavía como arzobispo de la Salta de la Fe; que no siendo poco, viene a enterarse ahora de que su dilecto “Fratello”, el Cardenal Primado de la Argentina, Mario Poli, le habría metido la mano en la lata también, y habría ordenado operaciones económicas con los sacrosantos bienes de la Santa Madre Iglesia en favor suyo y de acólitos elegidos y allegados.

(El Papa) viene a enterarse ahora de que su dilecto “Fratello”, el Cardenal Primado de la Argentina, Mario Poli, le habría metido la mano en la lata también.

Entendemos ¡Cómo no! el sudor frío que debe recorrer la frente del Vicario de Cristo, como Aquél del Huerto de los Olivos a sabiendas de la traición. Corren hoy rumores en los medios de comunicación nacionales de que el Hermano Mario Poli habría oficiado contratos millonarios “de venta de inmuebles, así como alquileres por decenas de años por precios irrisorios, beneficiando a Poli y a gente muy cercana a uno de los asesores financieros de Poli, un sacerdote párroco del barrio de Belgrano”, según señalara el periodista Eduardo Feinmann por Radio Mitre.

Como el César atravesado por cien puñales en la traición, el Santo Padre, ha mirado al Poli repitiéndole transido de dolor: “Tu quoque, fili mei?” Sí, así leemos que “Fue un tema muy doloroso para el Papa Francisco por sentirse traicionado por quien él mismo nombró en su lugar tras ser nombrado como Sumo Pontífice”.  ¿Existe perjuro mayor que aquél a quien se le confía la bolsa y la dilapida en beneficio propio?

En la necesidad y urgencia, Francisco –dicen- que habría llamado a Poli para impetrarle algo parecido a: “¿Qué has hecho con el peculio dado a tu cuidado? Acto seguido, desde Roma el Papa le envió a Poli una “visita fraterna de supervisión” (Bruta auditoría, dirían en el barrio) que terminó dándole dolorosas noticias: “¡I soldi non che!” (La plata no está). De comprobarse estas infaustas nuevas, el Cardenal Primado de la Argentina debería dejar su Silla, ya que próximo a cumplir los 75 años y con la obligación de renunciar, ésta le sería aceptada, incluso “antes de que la redacte”, como dijo una fuente inexcusable.

En Salta también los tonsurados de más alto nivel parecieran haber cedido a la Tercera Tentación de Satanás (Cfr. (Mt 4, 1-11), (Mc 1:12-13), (Lc 4,1-13): “Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré todo esto, si te postras y me adoras”. Y así, el arzobispo y adláteres más cercanos se habrían prosternado también ante la tentación que procede del brillo del vil metal y acometido contra mujeres consagradas en el afán de arrebatarles la bolsa y hacerse con el óbolo de la Virgen del Cerro.

Mal cálculo de reflejos los del tonsurado mayor ya que la bolsa se hallaría a cuidado del “anulus episcopalis” y protegida por manos seculares que habrían mandado a las monjas cual infantería a caer primero para negociar después. ¿Y la Virgen? Preguntará el lego ¿Cuál Virgen? Responderá el ensotanado.

Los áspides que se enroscan en las patas de los escritorios pontificios comentan “sottovoce” que “Les queda poco tiempo porque en Roma están calientes con Cargnello y ahora con Poli”, aunque no sabemos si por la conducta antiapostólica de los mitrados, o porque han malversado la bolsa.

Un día, quizás, no lo sabremos, vayan estos ministros caídos de la Iglesia y acierten a cruzarse con el Señor que regresa –como relata la Leyenda Áurea de Jacobo de Vorágine (S XIII), cargando su cruz y le pregunten: “Quo vadis Domine?”

Y el Señor, sin mirarlos, pasará a su lado y les dirá como a Pedro: “Vuelvo para hacerme crucificar de nuevo por lo que habéis hecho”.

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