¿Podría el Señor del Milagro terminar con la pandemia en Salta?

La provincia de Salta está situada al parecer y por alguna razón inexplicable, en un eje de coordenadas donde lo místico tiene presencia ancestral. Ya los incas caminaban hasta 500 kilómetros para subir a las cumbres de esta latitud a honrar a sus dioses con sacrificios. Más tarde, inexplicablemente, las imágenes de un Cristo y una Virgen aparecen flotando en el mar. Hoy, la Virgen se manifiesta en un Cerro. Entonces, el portentoso Milagro de parar los terremotos ¿No sería aplicable a la pandemia?

Por Ernesto Bisceglia

Nadie podrá negar que Salta pareciera ser una suerte de portal hacia una dimensión donde la Divinidad opera en manera directa y desde tiempos inmemoriales. Manifestaciones públicas diversas sin contar aquellas privadas que no trascienden, parecen hacer de este suelo un lugar predestinado. Entonces…, se podría pensar en pasar del Pacto al Acto de Fe o es acaso insólito pensar que el Señor del Milagro no podría terminar con la pandemia en Salta, ¿o la póliza es sólo antisísmica?

Desde los Incas esta zona ha sido teatro de ofertorios sagrados a los dioses. Durante la colonización el propio San Francisco Solano pasó por estas tierras y amonestó a los supuestamente disolutos habitantes de Nuestra Señora de la Talavera de Madrid de Esteco, anunciándoles que a causa de sus impiadosas costumbres la ciudad sería arrasada por terremotos. De allí la copla famosa “Salta saltará, Tucumán florecerá y Esteco se hundirá”.

Años más tarde, otro portentoso tiene lugar en las playas de El Callao –Perú- cuando un par de cajones llegan flotando en el mar provenientes de un naufragio todavía no identificado conteniendo un Cristo crucificado para “La Matriz de Salta” y una imagen de la virgen “Para la de Córdoba”.

Para quienes no saben, ese Cristo fue dejado en algún lugar de aquella vieja iglesia durante un siglo, hasta que en setiembre de 1692 Salta comenzó a temblar durante días y dice la tradición, “Una voz le susurró al jesuita José Carrión que aquellos terremotos no cesarían hasta que sacasen el Cristo por las calles”, cosa que así se hizo y la furia telúrica se calmó. Para esto, la ciudad de Esteco había sido convertida en ruinas según lo profetizara San Francisco Solano.

Con los años, Salta se ha convertido en reservorio de devociones marianas plurinacionales, ocupando estas ya un espacio considerable en los afectos religiosos populares. A eso, la no probada aparición de la llamada Virgen del Cerro, concita multitudes que llegan desde todas las latitudes. La Fiesta del Milagro es la única manifestación multitudinaria que tiene al Cristo por centralidad frente a las expresiones marianas de Sudamérica.

¿Qué otra provincia en el país y en Sudamérica puede ostentar esta calidad de convertirse en escenario ancestral de repetidas manifestaciones religiosas de alto calibre? ¡Ninguna!

Del Pacto al Acto

En Octubre de 1692, Cabildo y Clero de Salta formalizaron el compromiso de celebrar juntos la Fiesta del Milagro que se convirtió en una celebración popular cívico-religiosa. Así ha sido desde aquellos días hasta la fecha. 

Entonces, si allá en 1692, la fe de un pueblo con sus pastores y dirigentes a la cabeza, celebraron todos un Pacto de Fidelidad que frenó la furia de la naturaleza, ¿No podría acaso pensarse en una renovación de ese Pacto, con un acto de sinceridad y entrega del gobernador, del arzobispo, de las Cámaras, de las fuerzas de seguridad y fuerzas vivas junto al pueblo en general, ante los Santos Patronos para implorar que obren el milagro de terminar con la pandemia del Covid-19 en Salta y en la región al menos?

¿O será tanta la corrupción de las costumbres que en sus fueros internos saben que la cosa no andaría por falta de sinceridad y de fe?

¿O la póliza sólo cubre movimientos sísmicos y no alcanza a catástrofes sanitarias?

Este planteo dista en mucho de ser una ironía o contener alguna solapada intención de mofa. Es un razonamiento sincero y pleno, una interpelación a la jerarquía religiosa, a la dirigencia política, a nosotros mismos, para decirnos ¿Acudiremos al Cristo y a la Virgen sólo cuando la tierra tiemble?

O la moralidad media está tan corrompida que la Fiesta del Milagro se ha reducido a un rito repetitivo y de carácter social.

¡Ayer tembló la Tierra y hoy tiemblan las conciencias! La sociedad está escarnecida por una peste sin dirección ni contención. Seamos sinceros y reconozcamos que las autoridades no tienen la más mínima idea de cómo manejar la situación. Sólo erráticas decisiones de un puñado de funcionarios que tijeretean la Constitución según les parece, pero que en los hechos no han logrado mejorar en nada la situación y cada ola que viene se les desbordan todas las previsiones.

Dirán “Es una pandemia global”. Entonces ¿Un virus chino y una estrategia de dominación mediática planteada ya desde el 2008 pueden más que la fe de un pueblo y la acción divina?

¿O acaso el desafío de sacar las Imágenes a la calle para implorar por el cese de la pandemia avergüenza a los jerarcas católicos que temen que de no funcionar caigan en el desprestigio y se compruebe de que sólo manejan los dineros del César y no las cosas de Dios?

Si pudo la fe hace cuatrocientos años detener los espasmos de la Tierra, ¿Tememos que ahora no pueda detener al virus?

¿O será la duda de que tal proclamación pública falle que impide convocar a un Acto de Fe de tamaña naturaleza? ¿Sería demostrar que la Fe sólo vale a la hora de llenar la bolsa y no de liderar a un Pueblo en busca de la salvación?

Es un reto, es un desafío, es volver la mirada hacia ese Cristo y a su Madre, no para cumplir con el tradicional rito ovejuno de marchar, poner unos mendrugos en la caja de la limosna y llevarse la estampita diciendo: “Ya hemos cumplido”.

¿Será capaz el Pueblo de Salta de repetir aquella epopeya de Fe?

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