Benita Campos, la mujer que rescató al General Güemes del olvido

La lucha por revalorizar la figura del General Martín Miguel de Güemes y la Gesta Güemesiana no se debe a ningún historiador, literato, ni siquiera a un gaucho: se debe a una mujer, Benita Campos, que desafió a la sociedad de su época donde la mujer no ocupaba espacios públicos, estudiando, graduándose como profesora de Historia, Castellano y Geografía en la Escuela Normal de Maestras donde ejerció su profesión.

Benita Campos, una mujer adelanta en su tiempo

Nacida en 13 de marzo de 1867, esta mujer pudo pertenecer a la hueste de ilustres desconocidas producto de una época de cuño patriarcal y donde los Próceres argentinos se agotaban en José de San Martín, Manuel Belgrano y Domingo Faustino Sarmiento. Su destino de género estaba en las labores hogareñas, el piano o quizás el convento. Sin embargo, con su inteligencia preclara decidió abordar otros campos además de la cátedra y fue tras el periodismo, la historiografía social y la militancia por la revalorización de la Gesta Güemesiana.

Como periodista ensayó sus primeras armas en “La Revista” y en el periódico “El Cívico”, órgano de prensa de la flamante Unión Cívica Radical y antecedente de “El Cívico Intransigente”, que posteriormente se convertiría en aquel periódico de culto radical “El Intransigente”.

Benita Campos desarrolla toda su actividad en un momento de tránsito social y político, cuando la democracia en estado puro alcanza la presidencia con Don Hipólito Yrigoyen en una Salta gobernada por el Dr. Joaquín Castellanos de quien será colaboradora. Le tocará reemplazar a Carmen Niño, figura consular de la época como vicedirectora de la Escuela Sarmiento, destacándose al punto de ser elevada al cargo de secretaria del desaparecido Consejo General de Educación, función que desempeñará “ad honorem”.

Tampoco las obras de caridad le serán ajenas dedicando horas a trabajar con el presbítero José María Hinojosa que fundara el Colegio para Niños Huérfanos cuya sede estaba en el solar del Asilo León XIII, contiguo a la hoy Parroquia de la Virgen del Valle. En ese establecimiento también ejerció la dirección.

Convencida de que la educación es la herramienta para el progreso del ciudadano, fue una de las primeras feministas salteñas, fundando la Escuela Profesional de Mujeres y dos escuelas para adultas que funcionaban los domingos en los linderos de la Parroquia de La Candelaria y de La Merced.

La historiografía también tendrá su atención y trabajo con una biografía de Monseñor Julián Toscano, notable cronista, historiador y literato, mientras prepara la salida de su famosa revista mensual “Güemes” que será la precursora de los estudios güemesianos en Salta.

La Revista “Güemes” discurrirá entre los salteños por dos décadas. Quizás tosca en su presentación y tipografía, hay que pensar que se trataba de toda una hazaña para la época. Esa publicación recogía además de datos sociales, tenía su espacio cultural donde se publicaban poesías de poetas y poetisas de su tiempo. Crónicas de la Guerra de la Independencia, biografías de salteños destacados en esa Contienda, también ensayos de investigadores y se resaltaba sobre todo la Gesta Güemesiana y a sus protagonistas. En algunas de sus ediciones llegó a incorporar fotos a color, o coloreadas.

Consciente ella de que la figura del General Martín Miguel de Güemes no había sido estudiada sino por el contrario olvidada y agraviada, desde esa Revista luchó por encauzar la reivindicación del Prócer salteño, una tarea que se vería cumplida un siglo más tarde y aún con la deuda de la falta de una pedagogía güemesiana entre los salteños. La Revista vio la luz en el mes de julio de 1907 en una redacción que estaba ubicada en la calle Alberdi 578.

Su talento le permitió vincularse a figuras de la talla de Carlos Guido Spano, Bernardo Frías y el propio Juan Carlos Dávalos, que junto a personalidades literarias de Chile y Perú como Clorinda Matto de Turner que fuera discípula de Juana Manuela Gorriti, escribieron en esas páginas.

Bien pronto se dio cuenta de que era necesario “monumentalizar a Güemes” que carecía de un monumento que lo recordara y reconociera nada menos que en su propia tierra. Así impulsó las tareas administrativas y burocráticas para que Güemes tuviera su reconocimiento en bronce. A ella también se debe el emplazamiento de Avenida Belgrano señalando el lugar donde fuera herido el Héroe Gaucho, luego trasladado a la esquina de la Plaza. Por último, integró el grupo de historiadores y entusiastas que lograron la construcción del Panteón de las Glorias del Norte donde descansan las cenizas del General Güemes, su familia y los hombres y mujeres de la Independencia, en el acceso a la Catedral Basílica.

No alcanzó a ver completada su obra, Benita Campos murió el 3 de julio de 1920 a los 61 años de edad, tres años antes de que el presidente de facto, José Félix Uriburu, viniera a Salta a inaugurar el Monumento al General Güemes, el 20 de febrero de 1931.

Las crónicas describen un sepelio tumultuoso que la acompañó hasta el Cementerio de la Santa Cruz, con el poeta Juan Carlos Dávalos presidiendo el cortejo.

Doña Benita Campo desafió a su tiempo a la sociedad salteña, pacata y mediocre, más dispuesta a trabar a los que hacen por el sólo hecho de verlos con más capacidad. Tanto fue así que el diario Nueva Época publicó que: “En Salta como en los pueblos de estrecho horizonte, hay que encastillarse en torre de marfil, no opinar, no producir nada, no rozar con quienes se quiere atraer aprecios y fama de sabihondos”. Algo que un siglo más tarde sigue siendo igual.

Con toda razón el historiador y escritor, Gregorio Romero Sosa la llamó “La Güemesiana inmortal”.

Por Ernesto Bisceglia

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