Resucitar o permanecer dentro del huevo de Pascua

La cristiandad conmemora hoy un hecho histórico cuyo significado escatológico destruye toda soberbia racional. Porque frente a la Resurrección como categoría metafísica no hay argumento válido sino sólo un acto de Fe. Ni siquiera el dogma que es en realidad un cerrojo inventado por el cerebro humano para jibarizar a la razón puede tener autoridad ante la existencialidad potente y renovadora de la Resurrección.

Catedral de la Ciudad de Salta

Quien escribe, que ha visitado templos en distintas latitudes ¡Y vaya si hemos conocido!, sin embargo, jamás ha encontrado representado en la imaginería religiosa un Cristo fulgurante, potente, resplandeciente y triunfante en su Gloria. Por el contrario, la imaginería católica se ha detenido en el crucificado. En el agónico, el martirizado, el Jesús vencido por el sistema judicial romano y la traición farisaica del Sanedrín. No hay en los templos un Cristo vigoroso ni mucho menos sonriente. Siempre el Cristo abatido, de la mirada suplicante.

Nos dirán los teólogos, de quienes como bien decía Vicente Fidel López: “¿Qué son los teólogos? Sino razonadores de lo que el pueblo no comprende, ellos los primeros”, que la Pasión es la deuda que el Jesús paga por los pecados de la humanidad y etcétera. Es cierto que en la escatología esotérica esto es así y es una realidad simbólica que se renueva en las distintas expresiones religiosas de los diversos pueblos en todos los tiempos, bajo otros nombres, obviamente. Pero también es cierto que la Pasión, desde el Huerto de los Olivos hasta el encuentro de las mujeres con la tumba vacía es un proceso, es decir, un momento en la historia, todo lo significativo que se quiera, pero que culmina con la presencia del Ángel que pregunta y anuncia: “Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí, ¡ha resucitado!”, dice Lucas en 24, 1-8.

Quienes pensamos que la jerarquía católica ha traicionado el mensaje del Evangelio, entendemos que no es apropiado para una humanidad doliente y en peligro como la actual detenerse en el proceso de la Pasión, tener por amuleto, signo y símbolo al patíbulo, por más que se nos diga que la cruz es expresión del triunfo sobre la muerte. ¡Si es la Vida lo que debemos enseñar en estos tiempos! Allí es donde el Resucitado se convierte en la clave de este Tiempo, de esto que toma cuerpo en los hechos que vemos todos los días y que hace resonar aquellas palabras proféticas: “El Tiempo está cerca” (Ap. 1-3)

El Señor mismo amonesta y enseña: “¡Hipócritas! ¡Bien que saben distinguir el aspecto del cielo, pero no pueden distinguir las señales de los tiempos!” (Mt. 16-13). Sabemos predecir hasta los milímetros a que un cometa rozará la Tierra, cuándo lloverá y hasta cuánto, pero nadie parece advertir que el Tiempos de un gran cambio es inminente y que el mundo desacralizado marcha cada vez más rápido hacia la consumación de su existencia.

¿Qué garantías nos da la jerarquía católica de esperanza en estos días álgidos cuando ellos son los protagonistas del mayor pecado condenado por Jesús que es el escándalo? Vemos en Salta, supuesta “Capital de la Fe”, al máximo jerarca encausado ahora por un posible delito nefando al avanzar sobre la integridad de una monja ¡nada menos! Y sobre estos casos recordará el mismo Papa Francisco en la misa celebrada el 13 de noviembre, próximo pasado, en Santa Marta, la seria advertencia de Jesús: “¡Ay de aquellos por quien vienen los escándalos” (Cfr. Lc. 17-16)!

Entonces, el cristiano de conciencia elevada, debe mirar más allá de este sacerdocio levítico que sostienen desde hace cinco mil años los jerarcas católicos y abrazar el Espíritu del Nuevo Testamento donde Jesús dice que vino a “completar la ley”, esto es a perfeccionarla (Mt.5, 17-20). De donde la Resurrección debiera ser el alma de la Nueva Evangelización porque el Resucitado es sinónimo de Esperanza, imprescindible en un mundo que agoniza ante la incertidumbre de su futuro.

En suma, predicar al Resucitado y no al Crucificado, como expresión de vivencia y exaltación de todas las categorías triunfantes que conlleva la Vida terrenal y promesa inexcusable de Vida Eterna.

Por eso decimos con fe firme junto al Apóstol San Pablo: “¡Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, y vana es también nuestra Fe!”  (1Cor. 15-14)

¡Felices Pascuas de RESURRECCIÓN!

En esta categoría: