La enseñanza política del domingo de ramos

Para el “Catecismo de las 99 preguntas” con que los tonsurados han mantenido a la masa en la simpleza de contar los hechos evangélicos como una fábula, el Domingo de Ramos, es una jornada que se resume en acudir a los templos con alguna ramita en memoria del ingreso del Cristo en Jerusalén montado en un pollino, sobre una alfombra roja mientras las gentes echaban túnicas y palmas a su paso. Pero nunca enseñaron el potente mensaje político de aquella jornada.

Ese domingo en la antigua Jerusalén, Jesús, fue recibido como un liberador. Era el líder prometido que sacaría a esos judíos de la esclavitud romana y los llevaría a un Paraíso al cual aspiraban pero que no tenían claro cuál era ni dónde quedaba.

¡Bájate del asno y te haremos rey! Le gritaban.

Si Jesús se bajaba del jumento y asumía el liderazgo que le proponían hubiera quizás conducido una revuelta contra Pilatos y el Sanedrín y hoy, dos mil años más tarde, estaríamos leyendo que un líder judío levantó a las tribus judías que fueron aplastadas por las legiones romanas. Otro Espartaco a la galilea.

Pero Jesús desdeña el poder, y señala que su Reino no está aquí, que no ha venido a traer la liberación mediante la violencia sino mediante la Palabra. Al apartar la tentación del poder terrenal se cubre de una Autoridad que hace que dos mil años más tarde continuemos discutiendo sobre Él.

La sociedad actual se debate en una crisis sin precedentes donde la angustia vital gana a los espíritus desbarrancando a todos en la tentación de la desesperanza. En medio, se levantan “iluminados” que reclaman elecciones y reelecciones proclamando en sus discursos tener la verdad revelada para salir de este pantano. ¡Pobres hombres pequeños! Ni siquiera ellos saben a dónde van y qué van a hacer. Están como aquellos judíos que reclamaban liberación sin saber de qué.

En aquellas horas, el Cristo les dice: “Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el primero entre vosotros pórtese como el menor, y el que gobierne, como el que sirve. Porque, ¿quién es más, el que está en la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está en la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.” (Lucas 22,14–23,56)

Ningún político viene a servir sino a servirse. Se sirven del poder, ése mismo que había rechazado el Cristo, se enriquecen más allá de lo que el hartazgo permite mientras los pueblos continúan hundiéndose en la decadencia más extrema. Luego, acuden a los templos a contemporizar con los ensotanados revestidos de púrpura, el color de los césares. Toda una gran parodia que no recrea la enseñanza evangélica de la autoridad sino la soberbia del Sanedrín farisaico y el poder despótico de los romanos.

De modo que más allá de la palma bendita y la ceniza en la frente que asemeja la marca del ganado pastoril, el Domingo de Ramos debe servir de enseñanza para quienes “gobiernan” de ejemplo de humildad y servicio. Para quienes votan, de esperanza en la búsqueda de un líder social en cuenta de un político “profesional”.

“El que pueda entender, que entienda” (Mateo, 19-12)

Por Ernesto Bisceglia

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