Y después del 14 de noviembre…¿Qué? La suerte está echada

Las próximas elecciones amenazan con dejar un escenario muy complicado para el gobierno nacional y los gobiernos que apoyaron esta opción. Será necesario reunir fuerzas para fortalecer la gobernabilidad.

Por Ernesto Bisceglia

alvo milagro mediante, las encuestas proyectan una contundente derrota del kirchnerismo en las próximas elecciones del 14 de noviembre. La suerte está echada.

La pregunta es qué sigue el día después, a partir del lunes 15 cuando el gobierno quede debilitado, porque hay que pensar que tanto en nación como en las provincias restan todavía dos años más de las gestiones presentes. Ese tiempo no puede ser un espacio ocupado sólo en derruir al que gobierna porque entonces no caerá un gobierno sino que se dañará todavía más al sistema democrático y sus implicancias alcanzarán a todos los argentinos.

Lo más viable y lógico sería aplicar el modelo europeo donde el sistema democrático se fortalece a partir del armado de coaliciones de gobierno que tienen representación en el estamento de poder de acuerdo a los votos que obtienen. Así se logra un CONSENSO, se fortalece la PARTICIPACIÓN y se garantiza la paz social.

En la Argentina –y menos aún en las provincias- no existe esa vocación de PARTICIPACIÓN ni tampoco de colaboración por parte de la oposición. En primer lugar porque no existe oposición clara ni definida. En este país y en las provincias cuando un esquema gana pretende someter y la “oposición” termina siendo un rejunte de sellos dispersos que solamente atacan y critican, jamás proponen una alternativa.

La hora que vive el país exige un esfuerzo de imaginación y grandeza política. Si el lunes los resultados han sido adversos para los oficialismos, deberíase convocar a los representantes de las fuerzas políticas más importantes para iniciar una instancia de DIÁLOGO y encontrar ese CONSENSO. De otra manera, la continuidad en el año 2030 les quedará comprometida.

El próximo domingo no sólo se vota un recambio de legisladores, se propone el desafío para todos de demostrar que luego de cuarenta años de democracia, hemos aprendido algo.

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