Raúl Alfonsín (VIDEO): El día que falleció la integridad moral en la Argentina

Fue el presidente de la coyuntura más compleja en la historia política del país. Le tocó administrar y juzgar a la política violenta de los últimos 60 años  y fundar el ciclo democrático. Jamás fue acusado de delito alguno ni pisó un juzgado.

Por Ernesto Bisceglia

https://www.youtube.com/watch?v=IdNpjLKugj4

Éramos jóvenes que veníamos de distintos destinos. Algunos, como nuestro caso veníamos de dejar el Ejército luego de la Guerra de Malvinas con la frustración de que aquello no había sido lo que habíamos soñado. Otros, la gran mayoría venía de la vida civil, pero todos juntos anhelábamos un país distinto. Donde la unión de los argentinos superar aquellas décadas de violencia en las que habíamos crecido.

Los que no teníamos una orientación política clara estudiábamos todas las propuestas. El peronismo no daba garantías porque durante su gobierno -1973/76, se había institucionalizado la violencia. En la última noche de cierre de campaña, el dirigente Herminio Iglesias quemó un ataúd con las siglas de la U.C.R., hundiendo toda esperanza para el candidato peronista, Ítalo Argentino Lúder.

Para entonces, un hombre surgido desde las filas radicales se había ganado ya las preferencias de aquella multitud de jóvenes que no sabíamos qué era esto de la democracia, porque nunca la habíamos vivido.

Concurrimos a escuchar a este radical que saludaba abrazando con sus brazos hacia la izquierda –todo un símbolo-, que hablaba de unidad, de participación y de decencia. Era Raúl Ricardo Alfonsín.

El hombre que subrayaba sus discursos con aquel “rezo laico” de las palabras del Preámbulo de la Constitución Nacional. Que mandaba “un médico a la derecha” para atender algún desmayo de la multitud, que había dicho en la última noche ante un millón de argentinos reunidos en la Avenida 9 de Julio de Buenos Aires, que: “traigan todos sus banderas, pero que no las izaran hasta el tope, para que arriba de todas ellas flamee la azul y blanca llamando a la unión de todos los argentinos”.

Llevó al gobierno un equipo de primera línea, con radicales fogueados en las batallas de la función pública, comandados en la Cámara de Diputados por el “Chacho” Jaroslavsky, gruñón y pertinaz, pero un orador de lujo.

Realizó lo impensable de sentar en el banquillo de la Justicia a las Juntas Militares, juzgarlas y condenarlas, fundando como un mandato grabado a fuego aquella frase “Nunca Más” una dictadura en la Argentina.

Intentó por todos los medios cumplir lo prometido, sobrellevó los planteos militares y tuvo que enfrentar el último delirio de los terroristas asesinos comandados por un  viejo “joven idealista”, rezago de la época del 70, Gorriarán Merlo que dirigió el ataque al Regimiento de La Tablada.

Su socialdemocia no le convenía a los intereses internacionales que lo obligaron a desmontar el proyecto del Misil Cóndor y terminaron desestabilizándole la economía, hundiendo al país en una feroz hiperinflación.

Se fue seis meses antes de cumplir su mandato, prefirió resignar el poder antes de llevar al país a un nuevo caos de consecuencias impensables.

Se retiró a la vida privada. Sin custodios, sin mansiones. Volvió al llano convertido en un ícono, en un punto de referencia histórico, porque luego de Alfonsín, los argentinos no volvimos a tener un presidente del cual enorgullecernos ante el mundo.

Se fue a su casa y no tuvo que enfrentar ninguna denuncia por delito alguno, simplemente porque no los había cometido. Jamás pisó un juzgado, porque cumplió con lo que prometió en su discurso al asumir ante la Asamblea: “Vamos a hacer un gobierno decente”.

Raúl Alfonsín falleció a los 82 años, el 31 de marzo de 2009, debido a un cáncer de pulmón y luego que su salud se viera agravada, en sus últimos días, por una neumonía broncoaspirativa. Pasó a la historia como “el padre de la democracia”.

En esta categoría: