Crece con fuerza la minería en Salta, pero sube el desempleo

Salta, que forma parte del NOA, una región con fuerte potencial minero, especialmente por el litio y otros proyectos vinculados al desarrollo energético, sin embargo, un informe muestra que el NOA tuvo una caída del empleo formal del 3,4% entre 2023 y 2025.

Según un informe del Programa de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo de la Universidad Nacional de San Martín, entre 2023 y 2025 la caída del empleo privado registrado fue generalizada en casi todo el país: 318 de los 498 departamentos relevados perdieron puestos de trabajo.

Ese dato obliga a mirar con cautela el discurso de las oportunidades futuras. La minería puede generar empleo, atraer trabajadores y modificar la dinámica de algunos departamentos, pero los números disponibles todavía no muestran una mejora generalizada del empleo formal en la región.

La pregunta de fondo es si las provincias mineras lograrán transformar las inversiones en trabajo local estable o si el crecimiento quedará concentrado en grandes empresas, contratistas externos y esquemas de baja participación provincial.

El fenómeno de mudarse hacia donde hay trabajo no es nuevo. Históricamente, las personas se trasladan hacia los lugares donde aparecen mejores salarios, obras, industrias o actividades productivas. Pero para que eso ocurra en torno a la minería, debe existir una demanda laboral real, sostenida y accesible para trabajadores locales y de otras provincias.

Por ahora, los datos muestran una tensión entre el relato y la realidad. Mientras se proyectan traslados masivos hacia provincias con minería y energía, el empleo formal sigue cayendo en buena parte del interior.

El desafío para los próximos años será comprobar si los grandes proyectos logran cambiar esa tendencia. Para eso, no alcanzará con anunciar inversiones: será necesario que exista contratación local, desarrollo de proveedores regionales, capacitación laboral, infraestructura urbana y políticas que permitan que los beneficios lleguen efectivamente a cada distrito.

De lo contrario, la promesa de que la minería generará nuevas ciudades, empleo y movilidad social podría quedar limitada a los números de inversión, sin traducirse en un verdadero cambio para las economías provinciales.

La clave es que la nota no niegue el potencial minero, sino que plantee: hay expectativa de empleo, pero todavía no hay evidencia clara de traslado laboral ni de mejora formal en los distritos del interior.

La minería aparece como una de las grandes apuestas económicas del país. Provincias del NOA y Cuyo concentran expectativas por nuevos proyectos, inversiones millonarias y demanda de trabajadores especializados. En ese escenario, muchas localidades podrían recibir población en busca de empleo directo o indirecto.

Pero el interrogante es si esos proyectos generarán trabajo local suficiente o si funcionarán con esquemas cerrados, proveedores externos y baja integración con las economías regionales.

La preocupación creció luego de conocerse que un megaproyecto minero importaría desde China una ciudad prefabricada para alojar a sus trabajadores. Para sectores de la industria y la construcción nacional, el caso encendió una alarma: si las grandes inversiones no incorporan proveedores locales, el impacto sobre el empleo regional podría ser mucho menor al esperado.

El planteo no es menor. La construcción de campamentos, infraestructura, logística, servicios, mantenimiento, transporte, gastronomía y alojamiento son actividades que podrían dinamizar el empleo en las provincias mineras. Pero si una parte importante de esa estructura llega importada o se contrata fuera del territorio, el derrame laboral se reduce.

En esta categoría: