Al grito de “Menos oración, más revolución”, el Padre Paco Olveira usurpó una vivienda en barrio de La Recoleta en Buenos Aires. La finalidad era “hacerle el aguante” a la condenada Cristina Fernández

El cura encabezó una vigilia frente al domicilio de Cristina Kirchner, entonando el Salmo 22 como si fuera un himno de barricada.
Pero la escena se torna aún más delirante: Olveira admitió en vivo, con una mezcla de desparpajo y despreocupación, que él y sus seguidores tomaron una casa vecina a la de la ex presidente para hacerle “el aguante”. “No tenemos la menor idea de quién es la casa, pero como tiene la escalera por fuera, la tomamos”, confesó, como si irrumpir en una propiedad ajena fuera un detalle menor en su misión de “no dejar proscribir la esperanza”.
Esta acción, que combina fervor político con una total indiferencia por las normas básicas de convivencia, pinta de cuerpo entero el estilo de Olveira: un cura que parece haber cambiado el púlpito por la trinchera, y la reflexión espiritual por la ocupación ilegal. Todo esto, en nombre de una lealtad inquebrantable a Cristina Kirchner, a quien defiende con un celo que transforma un acto de fe en un espectáculo de desborde militante


