Diana Soledad Insaurralde, gendarme, está acusada del delito de homicidio culposo agravado por conducción de un vehículo con motor y por haberse dado a la fuga y no socorrer a la víctima en perjuicio de Raúl Jorge Medina (50).

Luego de escuchar la acusación que pesa en su contra, la imputada, que se desempeña laboralmente como gendarme, optó por declarar, y dijo que esa madrugada fue a dejar a sus hijos a un campamento y luego se dirigió a dejar a un amigo a su domicilio. Agregó que lo dejó en calle Pringles, y que al intentar hacer marcha atrás miró por los retrovisores y no vio nada. Luego vuelve a fijarse y sintió que algo toca su vehículo. Dijo que no detuvo la marcha y que recién el lunes se dio cuenta.
Agregó que las calles estaban iluminadas y que no vio otros vehículos. Que circulaba por su mano, a una velocidad de 30 kilómetros y la visibilidad era buena.
Refirió que escuchó el ruido en la parte de atrás del vehículo, y sospechó que le iban a robar, ya que había un baldío donde estaban dos chicos. Entro en pánico, sintió el ruido porque iba con música, y pensó que era una piedra, que fue del lado detrás de ella. Por último, dijo que cuando ella concurrió a su trabajo y allí vio que había una abolladura en la parte de atrás del auto. Son seis las testimoniales que se recibieron durante la audiencia debate, entre ellos el relato de un testigo que observó a la víctima tirada en la calle y a la motocicleta luego del impacto, contó que un joven se acercó y le dijo que un auto blanco lo había chocado y se fue. Le indicó por donde se había ido y trató de alcanzarlo pero no pudo. Cuando volvió al lugar del hecho ya había otras personas reunidas.
También declaró la médica del CIF, que por la pandemia COVID-19 y por protocolo no pudo examinar el cuerpo de la víctima, pero tuvo acceso a su historia clínica y evaluó su internación en UTI y las heridas sufridas por el accidente con diagnóstico de traumatismo encefalocraneano grave y politraumatismo.


