El gobierno sigue imprimiendo pesos y le niegan créditos internacionales

Se suma a 1,2 billones que ya había emitido el mes pasado. La mayor parte es rescatada luego a través de las Leliq, los títulos de deuda del BCRA, pero tendrá un fuerte impacto inflacionario. Mauricio Claver-Carone presidente del BID aún no aprueba el desembolso de u$s500 millones a la Argentina.

Más pesos con menos valor en Argentina

Los nuevos máximos del dólar libre, que ayer superó los $300 por primera vez convive con la continua emisión monetaria del Banco Central. La expansión de este mes llegaría al billón de pesos, que se agrega a 1,2 billones que ya se habían emitido en junio. Ese dinero se usó para ponerle un piso a los bonos en moneda local, que habían sufrido una corrida a mediados del mes pasado, pero también en parte se utiliza para cubrir el rojo fiscal.

El dato surge de un informe que elaboró el economista Ramiro Castiñeira, director de la consultora Econométrica. “En los primeros 12 días del mes de julio ya emitió otros $ 600.000 millones. A este ritmo, con facilidad emitirá 2 billones de pesos entre junio y julio, equivalente a casi la totalidad de la base monetaria”.

“De la mayor parte de esta emisión el BCRA la logró retener al colocar 1,4 billones entre leliqs y pases. El BCRA dejó en el mercado poco más de 400 mil millones de pesos, alimentando la escalada del dólar y la inflación”, agregó el el informe del economista.

La noticia algo más alentadora es que esa intervención del BCRA para sostener los bonos en pesos dio resultado, aunque a un alto costo. Hoy los precios volvieron a los niveles previos a la “corrida” y el Tesoro no tendría problemas para al menos renovar los vencimientos a fin de mes. De esta forma, la principal canilla de emisión de los últimos dos meses quedaría cerrada al menos momentáneamente

La dinámica del mercado financiero y cambiario muestra un acelerado deterioro. La emisión de pesos por parte del Central llegaría a 2 billones entre junio y julio, mientras que el Central acumula una caída de reservas por intervención superior a los USD 900 millones. Ninguna de las dos tendencias es sostenible.

Según la estimación de Castiñeira, el déficit fiscal bien medido se ubicará este año en torno a 9% del PBI: de ese total, 3,5% corresponde al déficit fiscal primario, otro 2% a los intereses de la deuda en pesos emitida por el BCRA y 3,5% adicionales se explican por los intereses de las Leliq y pases que debe afrontar el Central, lo que se conoce como déficit cuasifiscal.

Uno de los pilares del acuerdo con el FMI era reducir drásticamente la emisión monetaria. Esto incluía una baja del déficit fiscal a 2,5% del PBI y también mayor emisión de deuda en pesos por parte del Tesoro para financiarse en el mercado local. Sin embargo, no se cumplirá con la reducción del rojo de las cuentas públicas comprometida ante el Fondo ni con la mayor colocación de bonos por parte del Gobierno. Estos efectos combinados provocarán que la emisión de pesos por parte del Central resulte sustancialmente más alta que lo planificado, lo que rompe cualquier estimación previa sobre niveles de inflación (que en el acuerdo se estimó en 48% como máximo) y evolución del tipo de cambio.

En tanto desde el BID, ya advirtieron que frenaran los créditos para el país. Están pendientes a la fecha préstamos por unos u$s500 millones, que para septiembre ascenderán a más de u$s800 millones.

Mauricio Claver-Carone resistió la embestida de junio de Alberto Fernández. El Presidente argentino le había pedido a los países participantes de la Cumbre de las Américas en Los Ángeles realizada entre el 6 y el 10 del mes pasado que vetaran la presencia del norteamericano al frente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y que esa silla pasase a ser ocupada por un latinoamericano, según la tradición de la entidad.

Sin embargo, el pedido del jefe de Estado no tuvo eco en sus pares de la región, y Claver-Carone permanece al frente de la entidad. No sólo se fortaleció, sino que además pasó a la acción. El hombre designado por Donald Trump trabó desde la embestida de Alberto Fernández todas las líneas activas de la entidad con Argentina; con lo que el país tiene frenado el ingreso de unos u$s500 millones; los que para septiembre ascenderán a más de u$s800 millones.

Se trata de préstamos habilitados por la entidad, y que corresponden a financiamientos de programas educativos, reformas administrativas y algunas obras de infraestructura, que, en general, deberían haber sido liquidados durante el primer semestre del año. Esto es, dinero que antes del 30 de junio tendría que haber ingresado en las arcas del gobierno nacional. Era además parte del dinero que desde el Banco Central se quería contabilizar como ingresos de divisas para intentar enfrentar la falta de velocidad en el incremento de las reservas; algo comprometido ante el BCRA. El dinero no fue girado desde el BID, en donde se le pide al país más precisiones técnicas sobre la evolución de los programas ya comenzados.

Como Argentina cree que ya presentó todos los requerimientos, la relación está empantanada. La explicación que surge desde Buenos Aires es política, y tiene que ver con aquella embestida de Alberto Fernández en la cumbre de Los Ángeles. El Presidente argentino había pedido allí que se removiera a Claver-Carone al afirmar que “la Banca de Desarrollo Regional, sin más demoras”, y “la gobernanza vuelva a América Latina y el Caribe. El BID requiere un proceso de capitalización para tener más y mejores medios de financiamiento”. El pedido no tuvo mayor eco, salvo para Claver-Carone que frenó los créditos.

El norteamericano permanece en su cargo; ante el amparo técnico que su llegada al lugar es fruto de la votación de los miembros y que no hay en ningún lugar del estatuto de la entidad un impedimento legal para que un ciudadano de ese país sea elegido. Ante esta realidad, el reclamo del jefe de Estado argentino no fue aún tenido en cuenta. Esta posición sobre Argentina es un cambio de actitud por parte del norteamericano.

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