El deterioro cultural en la Argentina alcanzó extremos que comprometen hasta el sentido profundo de los Símbolos nacionales. Hoy, en el Día del Himno Nacional Argentino, conviene una reflexión sobre el hecho de que en las escuelas y colegios los alumnos ya no cantan la Canción Patria, la unción y el sentimiento patriótico han desaparecido. Víctima de esta disolución de la mística es el propio partido que llevó a esta debacle social, el peronismo residual ha perdido también su sentido porque ya ni los funcionarios saben la Marcha Peronista. Dos extremos de una misma calamidad.

Por Ernesto Bisceglia
Se cuenta que un desaparecido intendente de Salta tenía la costumbre una vez por año de reunir a sus funcionarios en torno a una mesa donde colocaba un par de fajos de billetes y les decía: “El que cante completa la Marcha Peronista, se lleva toda esta plata”. Dicen que nunca nadie pudo llevarse el dinero. Y todos decían ser peronistas.
Obviamente, el valor del Himno Nacional Argentino no es comparable ni lejanamente con la “Marchita” ni con ninguna otra composición partidaria o institucional, pero en ambos casos existe el valor del fervor al entonar un Emblema musical, pero hemos llegado a un grado de ignorancia que ya ni la letra de la Canción Patria ni ninguna otra se saben lo cual revela la apatía y dejadez espiritual en que hemos caído los argentinos.
Siempre un himno es un canto que contiene un texto lírico que expresa sentimientos que representan la unión y solidaridad. El Himno Nacional canta las glorias de un Pueblo y sus tradiciones. Si ni siquiera se sabe su letra es un signo de que se ha perdido el sentido de pertenencia y permanencia. Se la diluido el fuego espiritual de lo gregario. Ése ya no es un país de ciudadanos sino un conjunto de habitantes.
Las marchas partidarias con la distancia que les conviene respecto de un Himno Nacional, “glorifican” a un sujeto o momento de la historia, y ése es su valor. Cuando ya no se sabe cantarlas es señal de que el espíritu de cuerpo de ese partido ha desaparecido.
Desde el lejano “Himno a Atón”, (El faraón Akenatón, considerado hereje por convertirse al monoteísmo), compuesto varios siglos antes de Cristo, los llamados himnos homéricos y los de la modernidad, han representado un conjunto de valores sagrados para los ciudadanos de esas polis. Es una tradición muy extensa en la historia que una dirigencia en la Argentina de hoy se ha dado el lujo de ponerle fin.
El Himno Nacional Argentino
Nuestro Himno Nacional es una obra que pertenece al género lírico y su letra representa momentos vibrantes y gloriosos cívicos y patrióticos inspirados en la idea de emancipación y restauración de la DIGNIDAD como PUEBLO, dos sustantivos que por su importancia escribimos en mayúsculas. El espíritu de nuestro Himno tiene por fin exaltar el valor y la grandeza de aquellos argentinos… y de los actuales, debiera ser.
En 1812, se le encargó una canción patriótica a Fray Cayetano Rodríguez y a Vicente López y Planes, obra que fue presentada en el Cabildo en noviembre de 1812. El 11 de mayo de 1813 se oficializó la pieza bajo el nombre de Marcha Patriótica. Luego se llamó Canción patriótica nacional, Canción patriótica y, desde 1847, Himno nacional argentino.
Desde entonces el sentimiento patriótico de los argentinos se conmueve ante sus sones en cualquier lugar del mundo.
Frenemos la decadencia
La “obra” más significativa de este gobierno nacional ha sido la destrucción sistemática de todo valor superior. Se ha “enseñado” a violentar la Constitución Nacional, la Bandera y el propio Himno, todo, lo que represente nacionalidad y autoridad logrando que los jóvenes vayan migrando de la categoría de ciudadanos a la de habitantes.
Obsérvese el ingreso a las aulas o un acto patriótico en los establecimientos o actos públicos y se verá que gran número no guarda compostura ante las Canciones patrióticas: manos en los bolsillos, masticación de chicle y auriculares, apenas un balbuceo cercano a una patología mental en vez de un canto decidido. A eso nos han arrastrado.
Pero también ellos han sido víctimas de su propio veneno. Vemos los “actos partidarios” donde las cúpulas “peronistas” al ser un rejunte de residuos de otros partidos producen la patética escena de “dirigentes” que hacen “play back” porque ni la Marcha Peronista saben.
Como es adentro es afuera, dice el principio metafísico y en la disolución de los ideales internos del que fuera el Gran Movimiento argentino del siglo XX (al margen de las consideraciones subjetivas, claro), está la caída del espíritu argentino. El abandono de la doctrina y de la mística hizo perder la cohesión y ese mal lo trasladaron a las políticas públicas y así hoy los argentinos hemos sido alcanzados por la pandemia del virus de la disolución como sociedad.
En el Día del Himno Nacional, los pocos argentinos que vamos quedando con sentimiento patriótico (confundido por esta política con fascismo), izamos la Bandera de Belgrano y entonamos con unción el Himno Nacional Argentino.
Porque vendrán degollando, pero como diría aquel gaucho en el combate: “La Patria y su honor se pagarán caro”.


