Menester será advertir que la “quaestio” que sigue trata del peronismo y de Dante, pero no de Dante Rosas que es un peronista en grado de paladar negro cuya lealtad merece nuestro homenaje de pie, sino de Dante Alighieri. Dicho así, recordemos que el gran florentino en su monumental obra, “Commedia”, o “Divina Comedia” según su traducción, coloca a los pecadores en círculos infernales según sus faltas; así, los adivinos están condenados a caminar por la eternidad hacia adelante, pero con la cabeza dada vuelta. Igual que lo argentinos y los salteños.
Por Ernesto Bisceglia

En la “Divina Comedia”, Dante Alighieri, en la Cuarta Bolsa del Octavo Círculo, coloca a los adivinos cuya condena es caminar hacia adelante, pero mirando siempre hacia atrás por su empeño en adivinar de manera fraudulenta el porvenir. Más o menos así, dicho vulgarmente. De allí que por eso hablemos del peronismo y los condenados en la maldita fosa de Dante.
El adivino “per se” es doctrinario, ideológico y tienta adivinar lo que sobrevendrá en grado de certeza y ha de decirse que, salvo excepciones, la mayoría son tramposos individuos que se aprovechan de la ignorancia y necesidad de las personas empleando malas artes, entre ellas el discurso y la oratoria con los cuales sisean lo mismo que el áspid antes de morder.
El peronismo es substancialmente mesiánico porque en la esencia de su doctrina hay una promesa de buen futuro y de bien vivir. Como el Galileo (No Galilei sino el de Galilea), el peronismo derrama ventura y promesas de inclusión, de igualdad; predica un país donde todos son iguales (algunos más iguales que otros), donde como diría algún famoso sindicalista que luego incinerara un ataúd cremando la posibilidad de que el peronismo llegue a la presidencia en 1983, “La Argentina es un país donde vos escupís la tierra y te crece una planta de pollo”, vulgaridad si las hay.
Un buen analista político debe reconocer el don de videncia del General Juan Domingo Perón. Recordada es aquella conferencia del líder en el salón de la CGT en el año 1973 cuando anticipó lo que sobrevendría en el mundo hacia el año 2000. Y dijo entonces que habría superpoblación, exceso de consumo y falta de alimentos; así también advertía que para sobrellevar esa situación había que unir a los países, a la humanidad, sino sería el caos. ¡Tenía razón!
Recordemos su profecía: “El año 2000 nos encontrará unidos o dominados”. Le erró por veinte años y estamos dominados.
Pero muerto Perón, los herederos de ese mega negocio llamado “Partido Justicialista” quisieron, cual Simón el Mago, hacerse con esos dones de videncia y explotar la gran virtud dogmática del peronismo que se dio en llamar “Justicia Social”. Pero lo que “natura non da, salamanca non presta.”
Total, que desde hace setenta años los autoreferenciados como “dirigentes peronistas” denuncian al que esté en el gobierno, conspiran contra él y lo voltean para ocupar su lugar, y cuando el objetivo está logrado se revisten de túnicas y bonetes con estrellas y comienzan a practicar el arte de la adivinación.
De esta manera tocados (con túnicas y bonetes) se dan a los pronósticos elocuentes y a las predicciones que pintan una Argentina potencia, un país superlativo con pampas feraces arrebatadas a la oligarquía y cultivadas por compañeros que gozosos toman la azada y doblan el lomo para sembrar trigales mientras más allá las vacas paren terneros y novillos de exportación. Votar al peronismo es sacar boleto al Paraíso, vivir entre doseles mientras la revolución nacional y popular incentiva al “garche procreativo” y como de base cristiana que es la doctrina peronista, las compañeras le dan hijos a la Patria Justa Libre y Soberana.
Pero ocurre que cada vez que los adivinos gobiernan, el espejo del País de las Maravillas parece en realidad ser un portal hacia una dimensión descocida donde todo es al revés. No hay vacas porque la cuota Hilton se manosea, ni trigo, sino soja que cultivan, no los compañeros sino los latifundistas. La Patria Peronista termina en la Patria Financiera y el país de la redención se convierte en el foso de castigo donde habitan aquellos que tienen perdida la fe y donde el que no llora no mama y el que no afana es un gil, según diría Discépolo, no este escriba.
La conclusión es que los adivinos que llegan al poder engatusando al Pueblo que es lo mejor que tenemos, fracasan miserablemente porque no son adivinos sino charlatanes de feria que como aquella vieja anécdota del fenecido Parque del Dr. Chalita que hiciera las delicias de la Salta de antes, se promete ver a los “Cantores del Alba” y en el escenario presentan a cuatro gallos.
Luego, estos adivinos para que el Pueblo -que es lo mejor que tenemos- no termine marchando con la cabeza de los dirigentes y no con ellos a la cabeza, desarrollaron el innoble arte de mostrarle a la masa que el futuro es en realidad el pasado. Porque Perón otorgó la jubilación que ahora es mínima y con la cual un ciudadano no es beneficiado sino víctima y en lugar de descansar agoniza. Porque las vacaciones pagas se las deben a Perón mientras las únicas playas que conocen son las del Río Vaqueros. Porque el aguinaldo lo dio Perón pero lo pagamos en dos cuotas y en algunos municipios hasta en tres y encima recortado. Porque el voto femenino se lo debemos a Perón que elevó la condición de la mujer mientras la provincia de Salta se lleva la palma en violencia de género y femicidios. Porque “los únicos privilegiados son los ancianos y los niños” y los viejos no pueden pagar una Bayaspirina y los niños mueren desnutridos y no tienen ni acceso a la escolaridad. Porque “todos unidos triunfaremos” y tienen un PJ vaciado y vacío, saqueado y para aparentar estar unidos arman rejuntes de sellos de goma que llaman “Frentes”. Porque… porque dicen que vamos hacia el progreso cuando nos hundimos lentamente en la historia. La profecía del Estado del bienestar ha fracasado y los adivinos terminan siendo en realidad “manochantas”.
¡Eso sí, en el peronismo se garcha! A darle tranquilos que para eso está la Asignación Universal por “Hijes”, el Plan “Ponganlá a doquier” y el Plan “Por las dudas”. El País es una jauja.
En la promesa festiva de los dirigentes autoreferenciados como peronistas está la condena: caminar hacia adelante, pero mirando hacia el pasado.
Y claro…, cuando se camina hacia adelante, pero mirando para atrás, lo más probable es que terminemos todos en el fondo del abismo.


